
Incómodos invitados








La capitana Nueve estaba cansada de su reclusión en Astila. El crucero espacial Nir estaba silenciado durante setenta y dos ciclos desde su última emisión. La almirante Morgan no había levantado aquella prohibición. Óptima Prima envió un mensaje oficial donde reconocía la deserción del crucero espacial Nir y su tripulación. Había recibido la notificación en su terminal, seis ciclos atrás. Aquella situación los había convertido en proscritos.
–¿Siguen reunidos?
–Así es, la conexión es por vía interna y con alcance corto. Todas las naves de la flota se encuentran en el sistema. No puedo saber qué están diciendo. –El teniente informático Crammer mostraba la imagen holográfica de la reunión, corrupta por los sistemas de seguridad.
–Es un buen momento para deshacernos de nuestros amigos.
–¿Qué hacemos entonces? –preguntó el teniente Crammer. Revisó los sistemas informáticos de la nave. Habían sido optimizados. La tecnología de aquella estación era mejor que la de Óptima Prima.
–Nos vamos. Esa zorra de Morgan nos ha jodido desde el primer minuto. Ha conseguido que nos expulsen de nuestro sistema. Lo pagará caro.
–¿Nos marchamos ahora mismo? –El teniente adoptó una postura tensa frente a la consola de mando. Manipuló el panel de control, poniendo en marcha los sistemas de navegación.
–Así es. Alerta a toda la tripulación mediante señal interna. Consigue los códigos de salto, los necesitaremos para entrar en fase.
–¿Qué rumbo?
–Sistema Gliesse. Vamos a recuperar nuestra ciudadanía. Consigue varios códigos de salto. Los usaremos para negociar con la Confederación. Establece una ruta por el sistema Minerva hacia Virak. Desde este último punto, saltaremos al sistema capital del sector.
–Me llevará un tiempo burlar la seguridad de Astila. En cualquier caso, el crucero estará listo para el comienzo del siguiente ciclo.
–Trata de ser sigiloso. No deben detectar nuestra huída hasta que hayamos salido del sistema. Me encargaré de que todos nuestros hombres estén a bordo.
Crammer tuvo problemas desde el primer momento. Aunque sus sistemas eran los más avanzados, la estación espacial lo reconocía como usuario no autorizado. Tuvo que establecer un puente, infiltrándose en el ordenador de otra nave de la flota. Escogió al Tormenta de Jade, un carguero de la facción Wong. Una vez en el sistema informático, accedió al cerebro de Astila. La operación ocupó dos horas de su tiempo. Cuando hubo terminado, la capitana Nueve había regresado al puente de mando.
–He terminado con los códigos de salto. Tenemos luz verde. Nuestra nave no será detectada, Astila cree que somos un carguero de los Wong.
–Realiza el desacoplamiento de la Nir. Sube a velocidad de tres clics por minuto en cuanto nos hayamos alejado lo suficiente. Saltaremos en cuanto la baliza esté al alcance.
Crammer siguió las instrucciones de la capitana de forma concisa. En cuanto llegaron a la influencia de la baliza, el crucero Nir saltó hacia el cúmulo de Minerva. La localización era un complejo artificial de procesamiento. En aquellas plataformas se transformaba la materia prima en recambios para naves. Toda clase de suministro industrial tenía su origen en el cúmulo de Minerva.
–Tenemos problemas, capitana. Astila ha enviado una señal de advertencia. Hemos sido marcados.
–¿Marcados? ¿Qué significa eso, Crammer?
Antes de poder contestar, el cúmulo de Minerva recibió a un nuevo invitado. El ordenador de la Nir reconoció a la Hagger. Se mantuvo a cinco clics de distancia. Nestor Josh abrió un canal de comunicación unidireccional.
–Capitana Nueve, cese todo intento de huída. Deben regresar al sistema Cerberus conmigo. Su nave está bajo arresto. Hagamos esto de forma pacífica.
–Capitana, están infiltrándose en el sistema. Intentan acceder al sistema de salto.
–Levanta las defensas. Corta la comunicación. Establece a la Hagger como enemigo a destruir. Cubierta de artillería, armen los torpedos de magma. Fuego a mi señal. En tres, dos, uno…
La Hagger encendió su muralla luminosa antes de que los proyectiles alcanzaran la estructura. Los torpedos liberaron una nube de fuego incandescente que cegó de forma momentánea al carguero. El Nir evadió la andanada de represalia mediante un microsalto a una posición cercana al complejo industrial. En aquella posición, la Hagger no se arriesgaría a abrir fuego por temor a destruir aquellas instalaciones.
–En cuanto realicen el siguiente microsalto, entraremos en fase hacia Virak. Si todo sale bien, aquí perderán nuestra pista.
–La Hagger ha inhibido nuestra señal de baliza. Estamos atrapados en esta área.
–Imposible. Cambia la frecuencia de la señal. Tenemos doscientos códigos de salto y una veintena de identidades de MORBO asociados. Ve probando hasta dar con una clave accesible.
Grettel Nueve ancló su sillón de mando, tomando control sobre el Nir. Podía ver a la Hagger acechando en la frontera del complejo industrial. Estaba mandando señales de rendición a la par que usaba el sistema informático para la infiltración. Nestor Josh insistía en capturarlos con vida. Aprovecharía aquello como ventaja táctica. Salió de la cobertura con el armamento preparado. No podía abrir un canal de comunicación, aquello sería rendir la nave al sistema informático de la Hagger. Usó las luces para comunicar su rendición. El código que usó era arcaico, solo empleado en situaciones de emergencia. Nestor Josh pareció entender las señales. El carguero permaneció impasible. Acercó al Nir con lentitud. El brillo letal del carguero acorazado se desvaneció. Nueve miró por el rabillo del ojo a su teniente, en búsqueda frenética de la frecuencia de salto.
–La tengo, capitana. Coordenadas fijadas.
Antes de entrar en fase, disparó la munición contra la Hagger. Entre los misiles y torpedos arrojados, había un pulso electromagnético que pretendía dejar sin energía al carguero modificado. El salto se produjo antes de que pudiera corroborar los impactos. Tras la salida del agujero de gusano, el sistema Virak se materializó ante ellos. Aquella área servía de intercambiador. Tres estaciones espaciales cubrían las necesidades de los viajeros. Aunque solía ser un sitio vigilado, aquella zona pertenecía a MORBO asociados. Las naves y recursos estaban bajo su férrea administración. Los intercambiadores, en aquel momento, estaban escasos de tráfico. La suspensión de la actividad comercial con el sistema capital había reducido el número de naves en aquel sistema.
–Camufla nuestra señal, Crammer. Hay que alcanzar la baliza hacia Gliesse.
–La Hagger acaba de saltar a siete clics de distancia.
–¡Maldita sea! ¿Tiene nuestra ruta? ¿Por qué la tenemos pegada a nuestro culo? ¿Es porque estamos marcados, como decía el mensaje de Astila?
–No lo sé, he estado revisando el sistema en busca de rastreadores. No disponemos de ningún dispositivo de localización.
–Es obvio que el sistema se equivoca. Microsalto a treinta clics de distancia. No podemos quedarnos cerca de esa bestia.
–La Hagger ha emitido un nuevo mensaje. Es por escrito, enviado al panel de comunicación general. Dice que no habrá clemencia.
El fulgor fantasmal del carguero se desvaneció de súbito. El haz mortal de luz iba a alcanzar al crucero. Nueve pudo salvar la nave gracias a una maniobra acelerada. Puso toda la propulsión de la nave en hacerla girar sobre sí misma. Aquello evitó ser alcanzados de lleno. El puente de mando estuvo a dos metros de ser alcanzado. La cubierta de artillería voló en pedazos, dejando escapar por el agujero de su estructura a los operarios de la Nir. Las llamas hicieron su aparición, amenazando con invadir el interior de la nave. Nueve accionó los nanobots de emergencia, cerrando la abertura en el costado de babor. Realizó un microsalto que lo situó a tres clics de la influencia de la baliza. La Hagger pasó a la ofensiva, situándose de un nuevo salto en la popa del crucero. Castigó los motores con su munición convencional.
La lluvia de fuego nuclear destruyó los módulos de propulsión tres y cuatro. El sistema de salto cayó desintegrado por el ataque. El armamento del crucero Nir intentaba mellar la coraza de urita, desnuda de aquel brillo mortífero. No pudo penetrar en aquel blindaje. Las nubes de nanobots mantenían al Nir de una pieza. Aquella tecnología de MORBO había demostrado su efectividad. De haber conservado la nanotecnología de Óptima Prima, la Nir hubiera sido destruida. Los daños severos mantenían a la capitana Nueve en un permanente apuro. Tres nuevos impactos de Eagle Torc aumentaron el riesgo de descompresión. Nueve agotó las reservas de nanobots para evitar que la Nir se partiera en dos. Lo consiguió a un coste muy elevado. La siguiente andanada los destruiría por completo.
–La Hagger ha recuperado su escudo.
–Vete, Crammer. Sal de aquí ahora mismo. Toma la lanzadera Cenneus. Que pilote Janice Bristol. Es la única que puede sacarte con rapidez de aquí. Lleva los códigos de salto a la Confederación.
–Pero…
–Ahora mismo. Es una orden.
La capitana Nueve desenfundó su arma, apuntando al teniente. Crammer se puso en pie al instante, tomando la terminal auxiliar del panel de control. Recorrió la nave hasta el hangar mientras avisaba a la piloto. Bristol estaba en camino. A su alrededor se sucedían las chispas. Los extintores automáticos ahogaban los fuegos de sobrecarga. Cadáveres salpicaban la cubierta del hangar. Atravesó la zona en ruinas hasta la posición que ocupaba la Cenneus. En el interior, desde la cabina, Janice Bristol le hacía señas para que embarcara rápido. Había retirado el tren de aterrizaje y mantenía a la pequeña lanzadera suspendida en anti-gravedad. Una vez Crammer estuvo dentro, Bristol sacó la pequeña nave hacia el exterior.
Desde el puente de mando, la capitana Nueve volvió la proa de la Nir hacia su enemigo. Lanzó la munición que le quedaba en los depósitos al completo. Avanzó rumbo colisión hacia la fantasmagórica luminiscencia. Los torpedos, misiles, turboláser y munición convencional que se estrellaban en la pantalla luminosa del carguero no lograron su objetivo. La luminosidad descendió con los impactos aunque no llegaron a eclipsar a la Hagger. En respuesta, Nestor Josh lanzó doce baterías de misiles Shark V hacia las distintas cubiertas de la Nir. En cuestión de segundos, la destrucción del crucero de información se materializó en una explosión masiva. La luz cegó los sensores de la Hagger varios segundos. Entre el caos de la batalla y el sigilo de Bristol, Josh no pudo detectar la salida de la lanzadera. Tras acabar con todos los módulos de supervivencia, la Hagger regresó a Caronte.
En el sistema Gliesse, la Cenneus fue escoltada por una escuadra de cazas hacia el planeta capital. La densidad de la atmósfera y la gravedad natural del planeta desorientaron a Crammer por unos minutos. Fue conducido junto con su piloto al edificio gubernamental. El gobernador Phenicus en persona los recibió. Crammer habló, reforzado por los asentimientos de Bristol. Después de ofrecer la noticia como lo haría un Primer Reportero, entregó los códigos de salto. Esperó la respuesta del gobernador con impaciencia, rogando para que lo admitieran de nuevo en Óptima Prima.
–La Confederación reconoce vuestro cautiverio. Habéis sido privados de vuestra capacidad de emisión, lo más sagrado para los servidores de Óptima Prima. Regresaréis a vuestro sistema con una mención de honor. Los datos que nos habéis proporcionado son de gran ayuda para erradicar a los sublevados. No temáis más por vuestro destino. Podéis marchar, por la paz de la Confederación.
Crammer observó a Bristol con incredulidad. Hacía menos de un ciclo estaban combatiendo por sus vidas. En aquel instante, se encontraban en una gran urbe, lejos del peligro. Lagrimas gruesas recorrían las mejillas del teniente informático. Temblaba como la gelatina y sollozaba como un niño. Bristol abrió un compartimento de la muñeca de su neotraje y sacó una píldora. Se la introdujo en la boca a su compañero, acompañada de un largo beso.
–Ven conmigo. Vamos a buscar un sitio donde tomar un trago. Así haremos tiempo hasta que te haga efecto la medicación. Después, volveremos a casa.
Jason Crammer asintió con un gobierno sobre sí mismo más efectivo. Siguió los pasos de Janice Bristol sin preguntas. Los dos supervivientes del Nir se perdieron por las calles de la ciudad, recuperando la moral con cada segundo que se alejaban del pasado.
